Indigenismo, las mil máscaras de Oaxaca

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La invisibilidad, discriminación y olvido institucional hacia el sector indígena, de mayor presencia en la entidad, contraviene a lo que motivó la declaratoria de la Organización de las Naciones Unidas el 23 de diciembre de 1994, para que el 9 de agosto de cada año se conmemore a los pueblos indígenas en el mundo. Esta celebración debería ser mucho más importanet en Oaxaca, donde las dos áreas responsables – la federal y estatal- tienen meses acéfalas.

El elogio a la grandeza de los pueblos indígenas de México es un discurso que se escuchará hoy con motivo del Día Internacional de los Pueblos Indígenas. En Oaxaca, la entidad con la mayor representatividad de pueblos originarios, la situación no será distinta, aunque en los hechos sea evidente la ausencia de políticas públicas asertivas.

Los actos programados son “mero cumplimiento” para que la fecha no pase inadvertida, y voces se preguntan dónde y quién dará cuenta de los resultados cualitativos y estadísticas que reflejen el éxito o fracaso de las políticas públicas impulsadas por el Estado.

Discriminación inhibe rescate de lenguas

A pesar de que sus pronunciamientos los ha presentado incluso en el foro de Organización de las Naciones Unidas (ONU), a la abogada, Roselia Bernardo Santos, defender los derechos lingüísticos y la participación política de las mujeres indígenas no le ha sido fácil, la discriminación, y la cerrazón no le hacen fácil la tarea.

La también máster en Gestión Cultural ha constatado que en el país el indigenismo es tema de discurso, que las lenguas originarias se pierden sin que el estado haga mucho al respecto y que la justicia comunitaria para las mujeres no avanza.

El rescate de las lenguas maternas es tarea en la que busca aliados de las poblaciones para que transmitan sus conocimientos y ayudar en la preservación; en el camino la especialista ha sido testigo del lamentable extravío de lenguas, como el Ixcateco, que por omisión se ha extinguido.

“Desde que se exigió en la escuela hablar solo en español se arrastra el problema y la pregunta es ¿cómo se va a revertir ahora?; pero además, cuesta reconocernos indígenas por temor a la discriminación, eso influye para no sentirse orgulloso y dejar de hablar la lengua de origen, esto pasa en todo el país ”, dijo.

Nuevos tiempos, viejas prácticas

La maestra en Derecho Electoral, reconoce que no solo los gobiernos tienen la responsabilidad de lo que sucede con los indígenas, está convencida de que se requiere la concientización y reeducación de las poblaciones para que cambien la actitud frente a los nuevos tiempos.

Admitió avances en los marcos legales en aras del empoderamiento de esas comunidades y, en especial, de sus mujeres, pero dijo que en la aplicación de la justicia no hay logros cualitativos.

Discriminación polìtica

Ejemplificó con la justicia comunitaria, en la que las mujeres para denunciar violencia deben recurrir directamente a los síndicos o alcaldes como su primer autoridad, mismos que las ignoran, por el machismo, misoginia, los usos y/o costumbres que prevalecen en las poblaciones.

“A la fecha no se ha podido modificar ese tipo de justicia. Los usos y costumbres tiene muchas cosas que hay que conservar, pero también otras que deben transformarse para mejorar nuestra calidad de vida”, puntualizó.

¿Bailar marmotas?

“¿Y qué conmemoran?, Bailar una marmota no es cumplir con los pueblos indígenas ni reivindicarlos. La sociedad cada vez se vuelve más insensible ante los problemas de las comunidades que solo reciben loas cuando salen a bailar vestidos con trajes vistosos”.

Así lo expresó Efraín Solano Alinares, dirigente de la organización Unidad, Identidad y Raíces de Oaxaca “UNIR”, quien aseguró que en los últimos sexenios ningún gobernante – estatal y federal- ha tenido real interés en el tema indígena.

Al contrario, afirma que cada día las autoridades son más frívolas e ignorantes respecto a los derechos colectivos, la autonomía, la protección del territorio y el reconocimientos a los sistemas sociales de las comunidades indígenas, y el reflejo son los 400 conflictos agrarios en Oaxaca que reconoce el propio Gobierno Federal, de los cuales 30 son de alto riesgo.

Educar para desactivar conflictos

“A las comunidades se les defiende promoviendo métodos de enseñanza que incluyan las lenguas originarias en los libros de texto, atendiendo sus necesidades reales y escuchando sus voces antes de que deriven los conflictos”, dijo.

Agregó que en pleno siglo XXI la violencia institucional y la discriminación está más presente que nunca, y muestra de ello, son las esposas, madres y huérfanos de San Sebastián Nopalera, la comunidad Ikoot secuestrada en Santa María del Mar y los 13 muertos en Yautepec.

“Solo hay despliegue propagandístico para lucimiento de gobernantes, no hay nada tangible que refleje atención, hay desaparecidos y encarcelados, no hay estadísticas, la pobreza hiere y es lastimosa para las comunidades, la justicia no llega”, puntualizó.

Dependencias abandonadas

El menosprecio del estado a las comunidades se evidencia en el abandono a la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) y la Secretaría de Asuntos Indígenas (SAI) en Oaxaca, que durante los últimos 20 meses solo fueron ocupadas como trampolines políticos e involucradas en escándalos de corrupción.

Saulo Chávez Alvarado nombrado como delegado de la CDI a la llegada de Alejandro Murat Hinojosa, fue relevado en el encargo por Miriam Liborio Hernández, tras un escándalo por el supuesto uso de apoyos para afectados por el sismo a favor de familiares.

Con Liborio Hernández la situaciòn no fue mejor, pues ólo ocupó el espacio para proselitismo previo a su candidatura a la diputación federal.

De su lado, la SAI tuvo al inicio a Sofía Castro Ríos como titular, quien botó el encargo y fue sustituída por Francisco Montero López, cuya inexperiencia e irresponsabilidad costó la vida de tres personas.

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